Salud

Perro que come sus heces: 4 razones médicas preocupantes

27 de abril de 2026 · 9 min de lectura · Canispedia

Descubre por qué tu perro come sus heces y las 4 causas médicas que deben alertarte inmediatamente.

Perro que come sus heces: 4 razones médicas preocupantes
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Cuando nuestros compañeros de cuatro patas adoptan este comportamiento repugnante que es la coprofagia, nuestra primera reacción suele ser una mezcla de asco e inquietud. Si este hábito a veces puede explicarse por razones comportamentales benignas, también puede revelar problemas de salud mucho más graves de lo que parece. Como propietario responsable, es crucial saber descifrar esta señal de alarma que tu perro tal vez te está enviando.

¿Qué es exactamente la coprofagia?

La coprofagia designa el comportamiento que consiste en ingerir materias fecales, ya sean las propias, las de otros perros o las de animales diferentes. Este fenómeno, aunque universalmente considerado repugnante por los humanos, es en realidad bastante extendido en el mundo canino.

Se distinguen generalmente tres tipos de coprofagia:

  • La autocoprofagia: el perro come sus propios excrementos
  • La coprofagia intraespecífica: consume las heces de otros perros
  • La coprofagia interespecífica: ingiere las deposiciones de otras especies (gatos, caballos, etc.)

Contrariamente a las ideas preconcebidas, este comportamiento no es necesariamente la señal de un trastorno grave. En los cachorros especialmente, explorar el mundo a través de la boca forma parte del desarrollo normal. Sin embargo, cuando este comportamiento persiste en la edad adulta o aparece súbitamente, conviene interrogarse seriamente sobre sus causas subyacentes.

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Atención

Si tu perro adulto desarrolla súbitamente una coprofagia cuando nunca la había manifestado anteriormente, consulta inmediatamente a tu veterinario. Este cambio comportamental puede revelar una patología grave que necesita una atención urgente.

Razón médica n°1: Los trastornos digestivos y malabsorción

Las insuficiencias pancreáticas exocrinas

La insuficiencia pancreática representa una de las causas médicas más frecuentes de coprofagia en el perro. Cuando el páncreas ya no produce suficientes enzimas digestivas, el animal no puede descomponer correctamente los nutrientes presentes en su alimentación.

Los excrementos contienen entonces aún numerosos nutrientes no digeridos, lo que los hace "apetitosos" para un perro que sufre esta condición. Esto es particularmente visible en ciertas razas como el Pastor Alemán o los perros tipo Colley de pelo largo, genéticamente predispuestos a esta patología.

Síntomas asociados que vigilar:

  • Heces voluminosas, grasas y malolientes
  • Pérdida de peso a pesar de un apetito conservado o aumentado
  • Pelaje opaco y piel seca
  • Flatulencias excesivas
  • Consumo de excrementos ricos en materias grasas

Las parasitosis intestinales crónicas

Los parásitos internos también pueden desencadenar una coprofagia. Cuando los gusanos intestinales colonizan masivamente el sistema digestivo, literalmente "roban" los nutrientes destinados al animal. El perro siente entonces un hambre crónica y puede buscar recuperar los nutrientes presentes en las materias fecales.

Esta situación es particularmente crítica en los cachorros, donde una infestación masiva puede conducir rápidamente a carencias nutricionales graves. Las razas de pequeño tamaño como el Chihuahua o el Yorkshire Terrier son particularmente vulnerables a las complicaciones parasitarias.

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Consejo

Un antiparasitario "por si acaso" nunca es suficiente. Pide a tu veterinario que realice una coproscopia para identificar precisamente los parásitos presentes y adaptar el tratamiento en consecuencia.

Las enfermedades inflamatorias crónicas del intestino

Las enteropatías inflamatorias crónicas perturban gravemente la absorción intestinal. En estas condiciones, incluso una alimentación de calidad ya no es correctamente asimilada, empujando al animal a buscar fuentes nutricionales alternativas, incluidas sus propias deposiciones.

Estas patologías están a menudo infradiagnosticadas porque sus síntomas pueden ser sutiles al principio. Un perro puede presentar coprofagia durante meses antes de que aparezcan otros signos clínicos más evidentes.

Razón médica n°2: Las carencias nutricionales severas

Carencia en vitaminas del grupo B

Las vitaminas del grupo B, notablemente la B12, juegan un papel crucial en el metabolismo. Una carencia en estas vitaminas puede desencadenar antojos alimentarios anormales, incluyendo la coprofagia. Esta situación surge frecuentemente durante regímenes alimentarios inadaptados o en perros que siguen alimentaciones "caseras" mal equilibradas.

Las bacterias intestinales producen naturalmente ciertas vitaminas B, y las materias fecales contienen cantidades no despreciables. Un perro carencial puede instintivamente buscar colmar sus necesidades consumiendo sus excrementos.

Déficit en enzimas digestivas

Más allá de las insuficiencias pancreáticas, otros déficits enzimáticos más sutiles pueden explicar una coprofagia. Ciertos perros ancianos desarrollan progresivamente una disminución de su capacidad de producción de enzimas, sin presentar por ello una insuficiencia pancreática franca.

Esta situación es particularmente frecuente en las razas gigantes como el Dogo Alemán o el Terranova, donde el envejecimiento del sistema digestivo puede ser precoz.

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Atención

Una alimentación de buena calidad no garantiza la ausencia de carencias si la absorción intestinal es deficiente. Los análisis sanguíneos siguen siendo indispensables para evaluar el estatus nutricional real de tu perro.

Los regímenes restrictivos inadaptados

Ciertos propietarios, por afán de hacer bien las cosas, pueden involuntariamente crear carencias imponiendo regímenes demasiado restrictivos a su perro. Las alimentaciones "grain-free" mal formuladas, los regímenes vegetarianos no supervisados o las restricciones calóricas excesivas pueden todos desencadenar una coprofagia de compensación.

Esta problemática es particularmente preocupante en los perros en crecimiento, donde las necesidades nutricionales son elevadas y donde cualquier carencia puede tener consecuencias duraderas sobre el desarrollo.

Razón médica n°3: Los trastornos neurológicos y cognitivos

La disfunción cognitiva senil

En el perro anciano, la aparición súbita de una coprofagia puede señalar el inicio de una enfermedad cognitiva similar a la enfermedad de Alzheimer en el humano. Esta condición afecta la capacidad del animal para diferenciar lo que es comestible de lo que no lo es.

Los propietarios notan a menudo otros cambios comportamentales asociados:

  • Desorientación en lugares familiares
  • Modificación de los ciclos de sueño
  • Cambios en las interacciones sociales
  • Olvido del aprendizaje de la limpieza

Esta condición toca particularmente a los perros de más de 8-10 años, con una incidencia más elevada en ciertas razas como los Caniche o los Border Collie.

Los tumores cerebrales

Aunque más raros, los tumores cerebrales pueden provocar cambios alimentarios dramáticos, incluyendo la coprofagia. Cuando el tumor afecta las zonas del cerebro responsables de la regulación del apetito o del comportamiento alimentario, pueden aparecer comportamientos aberrantes.

Signos de alerta neurológicos que vigilar:

  • Cambios de personalidad súbitos
  • Trastornos del equilibrio o de la coordinación
  • Convulsiones nuevas
  • Cambios en los hábitos alimentarios generales
  • Comportamientos compulsivos nuevos

Los trastornos obsesivos compulsivos

La coprofagia puede a veces instalarse como un comportamiento estereotipado en perros que sufren trastornos ansiosos severos. En estos casos, la ingestión de excrementos se convierte en un mecanismo de afrontamiento patológico frente al estrés crónico.

Esta situación es particularmente frecuente en perros que han vivido traumatismos, notablemente aquellos procedentes de condiciones de cría inadecuadas o que han sufrido maltratos. Ciertas razas como el Pastor Belga Malinois o los Husky Siberiano, naturalmente sensibles al estrés, pueden desarrollar más fácilmente estos trastornos.

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Consejo

Un comportamiento compulsivo necesita un enfoque multidisciplinario que combine tratamiento médico y reeducación comportamental. No dudes en recurrir a un veterinario etólogo especializado.

Razón médica n°4: Los desequilibrios hormonales y metabólicos

El hipotiroidismo

El hipotiroidismo puede influir significativamente en el comportamiento alimentario del perro. Esta condición, caracterizada por una producción insuficiente de hormonas tiroideas, puede desencadenar modificaciones del apetito y del metabolismo empujando al animal hacia comportamientos alimentarios anormales.

Los perros hipotiroideos presentan a menudo:

  • Un aumento de peso inexplicado
  • Un letargo marcado
  • Problemas de piel y pelaje
  • Una sensibilidad al frío
  • Modificaciones comportamentales incluyendo a veces la coprofagia

Esta patología toca más frecuentemente ciertas razas como el Golden Retriever, el Dóberman o el Bóxer, generalmente entre 4 y 10 años.

La diabetes y los trastornos glucémicos

La diabetes también puede modificar radicalmente los hábitos alimentarios de un perro. Un animal diabético no diagnosticado o mal equilibrado puede desarrollar un hambre constante y volverse hacia cualquier fuente alimentaria disponible, incluidas las materias fecales.

Esta situación es particularmente preocupante porque puede crear un círculo vicioso: el consumo de excrementos puede agravar los desequilibrios glucémicos y complicar la gestión de la diabetes.

Los trastornos suprarrenales

La enfermedad de Cushing o la enfermedad de Addison pueden ambas influir en el comportamiento alimentario. Estos desajustes de las glándulas suprarrenales afectan la gestión del estrés y del metabolismo, pudiendo desencadenar comportamientos alimentarios compulsivos.

Los perros que sufren de Cushing presentan típicamente:

  • Una sed y una micción excesivas
  • Un apetito aumentado
  • Una redistribución de las grasas corporales
  • Cambios de comportamiento
  • A veces comportamientos alimentarios aberrantes
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Atención

Los trastornos hormonales evolucionan a menudo de manera insidiosa. Si tu perro desarrolla varios síntomas nuevos al mismo tiempo, notablemente una coprofagia asociada a otros cambios comportamentales, consulta rápidamente a tu veterinario.

Cuándo preocuparse realmente: las señales de alarma

Las situaciones de urgencia

Ciertos contextos necesitan una consulta veterinaria inmediata:

Coprofagia súbita en un perro adulto: Si un perro de más de 2 años desarrolla súbitamente este comportamiento cuando nunca lo había manifestado, esto puede revelar una patología grave que necesita un diagnóstico urgente.

Signos clínicos asociados: Vómitos, diarrea, pérdida de peso, cambios de apetito para la comida normal, letargo o cualquier otro síntoma que acompañe la coprofagia.

Degradación rápida del estado general: Si el perro muestra signos de debilidad, deshidratación o dolor además de la coprofagia.

La importancia del seguimiento veterinario

Un diagnóstico preciso necesita a menudo varios exámenes:

  • Análisis sanguíneos completos para detectar los trastornos metabólicos y hormonales
  • Coproscopia para identificar los parásitos intestinales
  • Tests de función pancreática si se sospecha una insuficiencia
  • Exámenes de imagen en caso de sospecha de trastornos neurológicos
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Consejo

Mantén un diario preciso del comportamiento de tu perro: frecuencia de la coprofagia, tipo de excrementos consumidos, momento del día, otros síntomas observados. Esta información será valiosa para orientar el diagnóstico veterinario.

Los riesgos sanitarios de la coprofagia

Transmisión de parásitos y enfermedades

El consumo de excrementos expone al perro a numerosos riesgos infecciosos:

  • Reinfestación parasitaria: Los huevos de gusanos pueden sobrevivir en las materias fecales y reinfectar al animal
  • Contaminaciones bacterianas: Salmonelas, E. coli patógenas y otras bacterias peligrosas
  • Transmisión viral: Ciertos virus pueden sobrevivir en los excrementos
  • Intoxicaciones: Si los excrementos provienen de animales tratados médicamente

Impacto en la salud bucodental

La coprofagia puede también agravar las enfermedades dentales introduciendo en la boca bacterias patógenas que favorecen la aparición de gingivitis y enfermedades periodontales.

Esta problemática es particularmente importante en las razas pequeñas como el Caniche Toy o el Bichón Frisé, ya predispuestas a los problemas dentales.

Estrategias de prevención e intervención

El enfoque nutricional

Si se identifica una causa médica, el tratamiento de la patología subyacente sigue siendo la prioridad absoluta. Paralelamente, ciertas medidas pueden ayudar:

Suplementación enzimática: Para los perros que sufren insuficiencia digestiva, la adición de enzimas pancreáticas a las comidas puede mejorar considerablemente la digestión y reducir el atractivo de los excrementos.

Optimización de la alimentación: Pasar a una alimentación de alta calidad más digestible puede reducir la cantidad de nutrientes presentes en las heces.

Fraccionamiento de las comidas: Distribuir la ración diaria en varias comidas pequeñas puede mejorar la digestibilidad y reducir la sensación de hambre constante.

La gestión ambiental

Limpieza inmediata:

Preguntas frecuentes

¿Es la coprofagia más frecuente en ciertas razas de perros?

Aunque la coprofagia puede afectar a todos los perros, ciertas razas como el Labrador Retriever y el Beagle parecen más predispuestas a este comportamiento debido a su apetito desarrollado. Las razas de gran tamaño como el Pastor Alemán también pueden estar concernidas, notablemente cuando están presentes problemas digestivos subyacentes.

¿Qué problemas de salud pueden causar la coprofagia en el perro?

Varias patologías pueden explicar este comportamiento, notablemente los trastornos digestivos que impiden una buena absorción de los nutrientes. Los problemas pancreáticos y las parasitosis intestinales figuran también entre las causas médicas más preocupantes que necesitan una consulta veterinaria rápida.

¿Cómo diferenciar la coprofagia comportamental de la coprofagia médica?

La coprofagia de origen médico se acompaña generalmente de otros síntomas como una pérdida de peso, diarreas o un aumento del apetito. Si tu Golden Retriever o cualquier otro perro presenta estos signos además de comer sus heces, se impone una consulta veterinaria para descartar cualquier patología subyacente.

¿A qué edad hay que preocuparse si un cachorro come sus excrementos?

En los cachorros, este comportamiento es a menudo normal hasta la edad de 6 meses aproximadamente, pero conviene mantenerse vigilante. Si un cachorro Border Collie o de cualquier otra raza continúa más allá de esta edad o presenta signos de enfermedad, se recomienda consultar a un veterinario para eliminar las causas patológicas.

¿Qué hacer si mi perro come las heces de otros animales?

Comer los excrementos de otros animales presenta riesgos sanitarios importantes, notablemente de transmisión de parásitos o bacterias patógenas. Este hábito puede revelar carencias nutricionales o trastornos comportamentales que necesitan un enfoque a la vez médico y educativo.